El incremento de la densidad poblacional de aves en muchas de las zonas avícolas del Ecuador, ha elevado el riesgo de enfermedades respiratorias en gallinas de postura. Sebastián Romero, veterinario, explica que el caso de Cotaló es ilustrativo; "antiguamente se manejaba 600 000 ponedoras, luego subieron a 900 000, hoy están en alrededor de 1 600 000 mil ponedoras".
La extensión territorial no ha cambiado, pero la concentración de aves sí, lo cual complica el estatus sanitario.
Romero señala que el aumento de la densidad, sumado a la diversidad de criterios en cuanto a vacunación, bioseguridad y manejo genético, generan un escenario propicio para la aparición de complejos respiratorios. Esta diversidad de criterios se debe a que en una misma zona existen varios propietarios de granjas y cada uno maneja sus propias prácticas.
Entre las principales enfermedades identifica Newcastle, influenza, bronquitis, neumovirus, viruela, laringotraqueítis y bacterias como micoplasma y coriza. De todas ellas, afirma que "Newcastle siempre va a convertirse en el principal patógeno en una zona", debido a su impacto y a la necesidad de programas de vacunación más completos.
La transmisión de estas enfermedades puede ser horizontal, a través del contacto entre aves y con vectores como roedores, animales domésticos y el ser humano. En el caso de micoplasma esta transmisión también puede ser vertical, desde reproductoras a la progenie.
Romero advierte que la feca es un vehículo de contagio capaz de introducir patógenos en zonas libres de ciertas enfermedades.
Los síntomas más visibles incluyen disminución en el consumo de alimento y agua, así como una baja en la postura. El diagnóstico requiere necropsias y análisis de laboratorio, que permiten diferenciar lesiones específicas de cada patógeno y confirmar los hallazgos.
En cuanto a los efectos económicos, Romero distingue entre consecuencias clínicas y zootécnicas. La mortalidad y la baja de postura afectan directamente la producción y los ingresos del avicultor. En casos extremos de brotes de influenza aviar, por ejemplo, se ha llegado a aplicar "fusiles sanitarios" que han significado la desaparición total de granjas con décadas de experiencia.
La prevención, subraya Romero, depende de tres pilares: asesoría profesional especializada, estrictas medidas de bioseguridad y programas de vacunación adecuados. La rotación de desinfectantes, el empleo de pediluvios, el cambio de ropa y la filtración de proveedores son prácticas esenciales. "Filtrar proveedores realmente es el éxito de un avicultor", enfatiza.
Respecto de la situación del país, Romero considera que Ecuador mantiene buenos índices de producción y estándares sanitarios, gracias a profesionales capacitados y programas de desinfección disponibles.
Sin embargo, advierte que la falta de atención a las recomendaciones técnicas puede perjudicar al sector. En materia de vacunas, destaca la disponibilidad de productos avanzados de laboratorios internacionales y locales, incluyendo tecnologías de cultivo celular.
La eficiencia genética de las aves modernas exige mayor cuidado sanitario. En este sentido, la prevención se convierte en la herramienta clave para sostener la producción frente a enfermedades respiratorias que, mal manejadas, pueden llevar a pérdidas irreversibles.



















