
En el marco de la vigésima jornada agrícola, la zootecnista y nutricionista Marli Arena Dionizio expone los avances y aplicaciones del ácido butírico en la producción avícola.
Dionizio explica que el ácido butírico, es un ácido graso de cadena corta compuesto por cuatro carbonos y un pKa de 4.81, que enfrenta limitaciones cuando se utiliza en su forma libre debido a su olor desagradable y rápida metabolización. Para superar estas dificultades, se emplean sales de sodio y calcio, así como ésteres como la tributirina.
La especialista señala que las sales recubiertas con grasa permiten una liberación más controlada, aunque con menor concentración del principio activo. En cambio, la esterificación con glicerol produce tributirina, una molécula con hasta 60% de concentración de ácido butírico y liberación pH-independiente en el intestino.
Dionizio cita el trabajo de Moquet et al. (2018), que evaluó distintas fuentes de ácido butírico en pollos de engorde. Los resultados muestran que las sales liberan el compuesto en etapas tempranas del tracto digestivo, mientras que los productos recubiertos alcanzan mayor concentración en el intestino.
Sin embargo, la eficiencia para mantener la integridad intestinal depende de la tecnología utilizada y la calidad del producto, ya que contaminaciones con sodio o granulometrías deficientes, pueden afectar la mezcla en el alimento y el balance electrolítico de la dieta.
Además, el ácido butírico favorece la formación y nutrición de los enterocitos, estimula la producción de moco y mejora la permeabilidad intestinal.
En cuanto a efectos sobre microbiota e inmunidad, la especialista indica que el ácido butírico incrementa la diversidad bacteriana y favorece la exclusión competitiva de patógenos como Salmonella. En un ensayo, el tratamiento con tributirina redujo de 15 a dos el número de aves positivas a la excreción de este patógeno.
Dionizio explica que el compuesto contribuye a la modulación del sistema inmune, estimulando la producción de inmunoglobulinas y mejorando la respuesta frente a toxinas bacterianas.
Sistemas de calefacción en crianza de aves

Leopoldo Marrocco, técnico electrónico y asesor en soluciones térmicas y automáticas para galpones avícolas en Argentina, expone las principales tecnologías de calefacción utilizadas en la crianza de aves. Los equipos, fabricados en ese país, se presentan en tres modelos básicos que emplean distintos combustibles: gas natural, gas envasado, gasoil y pellet.
El primero es el sistema de tubo radiante, que reemplaza a las tradicionales pantallas en galpones de pollos parrilleros. Marrocco explica que la instalación es rígida, con tomas de aire exterior para la combustión y salida de gases también al exterior.
"El ambiente es completamente saludable. Lo que logramos es un gran ahorro de combustible, de energía y reducimos las ventilaciones". Este sistema mejora la calidad de la cama al mantenerla seca y evita la presencia de gases de combustión internos. Los equipos, construidos en acero laminado, tienen longitudes de 12 a 15 metros (m) y una potencia modulante de 18 mil a 33 mil kilocalorías (kcal).
El segundo modelo corresponde a los generadores de aire caliente limpio, empleados en galpones de recría de ponedoras. Estos equipos cuentan con cámara de combustión y chimenea externa, lo cual evita la exposición directa a la llama. La distribución del aire se realiza mediante mangas que requieren recambio cada dos o tres años. Se instalan cuatro equipos en galpones de 100 metros de largo, con potencias de entre 100 mil y 140 mil kcal, ajustadas al balance térmico de cada zona.
El tercer sistema es el de equipos de biomasa automáticos, que funcionan con pellet normalizado. Marrocco detalla que "si tenemos Internet en la granja, ese quemador lo podemos manejar a distancia desde cualquier punto y controlar en qué temperatura está, su trazabilidad de consumo, confirmar si estuvo o no, funcionando".
Estos equipos se colocan fuera del galpón y distribuyen aire limpio mediante colectores o mangas internas. Los modelos alcanzan potencias de hasta 250 mil kcal, capaces de cubrir galpones de 16 por 200 metros, con un salto térmico de 30 grados.



















