La nutricionista Diana Vinueza, advierte que la desnutrición infantil en el país constituye un problema de salud pública de carácter multifactorial.
Señala que las causas van desde la falta de acceso a servicios básicos hasta la deficiente alimentación en los primeros años de vida.
Vinueza explica que la carencia de agua potable y alcantarillado influye directamente en la salud de los niños, ya que incrementa las infecciones respiratorias y las enfermedades diarreicas agudas durante los primeros mil días de vida.
"Eso sí impacta en la talla baja y también en el desarrollo tanto psicomotriz como mental", expresa.
A lo mencionado se suma la falta de atención prenatal adecuada, que incluye controles médicos y suplementación con ácido fólico, hierro, calcio y vitamina D.
La especialista subraya la importancia de la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de edad, así como la incorporación de la alimentación complementaria desde los seis meses (o incluso desde los 4 meses según indican las nuevas guías, afirma), sin interrumpir la lactancia.
En este proceso, destaca el papel del huevo como alimento esencial. "El huevo cuenta con todos los aminoácidos que realmente nuestro cuerpo necesita para poder formar tejidos".
Según Vinueza, en Ecuador el 19,3% de los niños menores de dos años presenta desnutrición infantil, mientras que la cifra alcanza el 17,5% en menores de cinco años. Al comparar este dato con los países vecinos, indica que Colombia registra una prevalencia cercana al 12,7%, Perú alrededor del 12,1% y Chile menos del 7%. "Necesitamos trabajar muchísimo más este componente tan importante", sostiene.
Consecuencias a largo plazo
La nutricionista advierte que los efectos de la desnutrición se extienden a lo largo de la vida. Un niño con baja talla, explica, es más propenso a desarrollar obesidad, diabetes, hipertensión y dislipidemia. Además, la deficiencia nutricional afecta el desarrollo cognitivo y aumenta el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles, cáncer y patologías autoinmunes.
"Imagínese tener ese componente inflamatorio desde la infancia", señala, al referirse al estado proinflamatorio que se genera por una alimentación deficiente.
Estrategias y propuestas
Vinueza considera que la solución es un enfoque integral con la participación tanto del Estado como de los productores de alimentos. "Sería bueno implementar un programa en el que se involucren las Carteras de Estado, básicamente el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Inclusión Económica y Social (Mies) y los productores de esta cápsula maravillosa que es el huevo", afirma.
Este programa debe contar con un componente importante de socialización y sensibilización sobre cómo mantener una dieta sana y equilibrada ya que, en sectores rurales, suele ocurrir que las familias que poseen gallinas venden los huevos para comprar alimentos menos nutritivos como enlatados o fideos.
La especialista insiste en que el sistema de salud debe cambiar su enfoque curativo por uno preventivo, lo cual no solamente representa un ahorro importante para el Estado sino que, lo más importante es que se evitan muchas enfermedades y sufrimiento de las familias.
"Cambiar el enfoque de nuestro sistema de salud a un enfoque preventivo es fundamental". Este giro permitiría destinar recursos a estrategias más eficaces, como la atención prenatal oportuna, la promoción de la lactancia materna y la educación alimentaria en comunidades rurales.
Este enfoque es más eficiente que tratar las consecuencias posteriores, como la obesidad, la diabetes o la insuficiencia renal, expresa.
En definitiva, invertir en prevención es una decisión estratégica que asegura un desarrollo más saludable para las futuras generaciones.
El huevo como alternativa viable
Vinueza destaca que el huevo es un alimento accesible y está posicionado en la dieta de las diferentes regiones del país. "El huevo tiene más aceptación que otros alimentos; se produce en todo el país y el consumo es más alto", asegura.
Además, recalca que su precio sigue siendo relativamente bajo, lo cual lo convierte en una alternativa económica y eficaz para combatir la desnutrición infantil.
Vinueza subraya que el huevo es un alimento fundamental para todas las edades y en todas las etapas del desarrollo, pero de manera muy particular en la infancia por su aporte proteico y lipídico.
Advierte, asimismo, que no basta con promover un solo alimento. Manifiesta que la dieta debe ser balanceada y combinar proteína animal con proteína vegetal, fibra y otros nutrientes.
En este sentido, recuerda que hubo iniciativas para fomentar el consumo de chocho como estrategia contra la desnutrición infantil, pero reconoce que "el chocho no tiene la misma aceptación en la Costa que en la Sierra", lo cual limitó su impacto.
La especialista insiste en que la solución debe ser integral y preventiva, con políticas públicas que aseguren el acceso a alimentos diversos y saludables, y que lleguen especialmente a las zonas rurales.

Diana Vinueza
Nutricionista, especialista en nutrición clínica e integrante (ANNE).



















